
En la primera vuelta, el 31 de mayo, el controvertido abogado De la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, obtuvo 10,3 millones de votos (43,78 %), mientras que el filósofo Cepeda, del Pacto Histórico, fue segundo con 9,7 millones (40,98 %), un resultado que intensificó la disputa por apoyos para ganar en la segunda.
En el afán de conseguirlo, han recurrido a denuncias, amenazas e incluso ofensas personales, con un lenguaje que, si bien no es extraño en las campañas colombianas, tampoco es lo más usual.
Los estilos y estrategias de los candidatos en la recta final
El tono festivo de ‘el Tigre’: De la Espriella impuso su discurso en redes sociales, captando a la clase media y desafiando los vetos judiciales al uso de símbolos patrios.
Monotonía en la izquierda: Analistas señalan que la campaña de Cepeda se estancó debido a discursos leídos con poca emoción y viejas reivindicaciones.
Alianzas de última hora: Ante la caída en las encuestas, Cepeda sumó el respaldo de Claudia López, mientras Sergio Fajardo optó por mantenerse al margen.
El ultraderechista se ha referido a su rival como «bandido, colaborador de delincuentes», «narcoterrorista» o «heredero de las FARC», mientras que Cepeda, que suele ser más aplomado, lo ha tachado de «fascista mafioso», «defensor de narcotraficantes, paramilitares y estafadores» y «traidor de la patria».
«Me da la impresión de que estamos en una situación única. Es decir, las elecciones anteriores ya habían sido bastante pugnaces, complicadas, pero estas son extraordinariamente difíciles», dijo a EFE el profesor universitario Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional y columnista de prensa.
Cepeda incluso anunció demandas contra De la Espriella por supuestos vínculos con grupos paramilitares y denunció su presunta participación, mediante su bufete de abogados, en el «robo» de los recursos destinados a la salud.
