
El secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro (i); el canciller guatemalteco, Pedro Brolo, y el secretario general adjunto, el beliceño Nestor Mendez, durante la sesión inaugural de la 51.ª Asamblea General. Foto: EFE
Durante la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) el tema que más se trata es la situación en Nicaragua. Aunque este jueves el tópico Venezuela también estuvo presente en la cita.
En el segundo día, Nicaragua volvió a pedir respeto y rechazó que se trate de hacer una resolución sobre la “situación” en el país centroamericano, la cual es promovida por las representaciones de Canadá, Antigua y Barbuda, Chile, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, República Dominicana y Uruguay para ser debatido en la Asamblea General, que Guatemala acoge hasta el viernes de forma virtual.
La resolución propuesta deplora el caso omiso del país centroamericano a las iniciativas diplomáticas y técnicas emprendidas desde junio de 2019 por la OEA para promover la “democracia representativa y la protección de los derechos humanos”. También busca declarar que las elecciones celebradas el pasado domingo en Nicaragua, en las que el presidente Daniel Ortega fue reelecto, “no fueron libres, justas ni transparentes, y no tienen legitimidad democrática”; de igual forma, que “las instituciones democráticas de Nicaragua han sido seriamente socavadas por el Gobierno”.
Con los resultados del domingo, Ortega, quien gobierna desde 2007 tras haberlo hecho de 1979 a 1990, se garantizó cinco años más como presidente, nuevamente con su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta. Ambos acusados de reprimir todo tipo de oposición, recoge EFE.
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Desde las protestas de 2018, que pedían la dimisión de Ortega y se saldaron con cientos de muertos, se han ido sucediendo las detenciones.
La OEA lleva tiempo llamando a Nicaragua a respetar los derechos humanos y adoptó dos resoluciones en las que pedía la liberación “de los presos políticos” y unos comicios “libres y justos”.
En la resolución aprobada en octubre advertía a Managua que en la asamblea general inaugurada este miércoles podría tomar “otras acciones en conformidad con la Carta de la Organización de Estados Americanos y la Carta Democrática Interamericana”.
Por “otras acciones” se entiende una eventual suspensión. Esta no aislaría completamente a Nicaragua a nivel internacional, “porque el régimen de Ortega cuenta con el apoyo de varios países que no son miembros de la OEA, los cuales, presumiblemente, continuarán dándole soporte diplomático, económico, comercial y financiero”, afirma a la AFP Luis Guillermo Solís, expresidente de Costa Rica y director interino del Centro de Estudios de América Latina y el Caribe Kimberly Green.
La no suspensión de Nicaragua en la OEA “sería un fracaso de la comunidad internacional”, apunta Joel Martínez, analista del Center for American Progress.
Solís resalta la dificultad de inducir a un país a acatar sus obligaciones internacionales si se niega “de manera reiterada, desafiante y tozuda”. Por eso considera más eficaz que la negociación corra a cargo de organizaciones humanitarias apolíticas, de una personalidad que no esté vinculada a Nicaragua, como un premio nobel o una figura artística o deportiva, o incluso de alguien que simpatice con la causa de Ortega y precisamente por ello tenga un cierto “poder de convocatoria”.
