
A medida que pasan los días y se ve la magnitud de la catástrofe, el balance del deslave que devastó el miércoles Nepal y China se agravó aún más el lunes, alcanzando más de 900 muertos y 4.700 desaparecidos.
“Nuestro país se enfrenta a un desastre natural de una magnitud inimaginable y desgarradora”, declaró el primer ministro nepalí Balendra Shah, “pero avanzamos con determinación para proteger la vida de los ciudadanos”.
En condiciones peligrosas y bajo la amenaza de una nueva crecida de las aguas, los rescatistas redoblan sus esfuerzos para intentar sacar posibles supervivientes del mar de barro que sepultó esta remota región del Himalaya.
Cubiertos a veces hasta la cintura en un pantano de barro gris y pegajoso, los rescatistas exploran, excavan y siguen rastreando en busca de supervivientes.
“Las dificultades son considerables”, resume el jefe adjunto del distrito siniestrado de Nuwakot, el policía E. Hawadi, al enumerar los desafíos a los que se enfrentan sus hombres.
“Ya no hay carreteras. Todas han sido arrasadas por el deslave”, dijo.
