
La poeta Concha Urquiza fue mucho más que una escritora de versos religiosos: también incursionó en la narrativa, la traducción, el cine y la novela, mientras buscaba construir una vida independiente en una época que imponía límites a las mujeres. Estas facetas poco conocidas fueron exploradas por la escritora mexicana Cristina Rivera Garza durante la conferencia “La vida material: dinero y prosa de Concha Urquiza”, realizada en la Feria Internacional del Libro Estado de México (FILEM) 2026.
En el Foro FILEM, donde también se dio cita la secretaria de Identidad y Cultura de la Autónoma mexiquense, Cynthia Ortega Salgado, la ganadora del Premio Pulitzer 2024 en la categoría de Memoria por su obra El invencible verano de Liliana compartió con el público una investigación que recupera episodios poco conocidos de la vida y la producción literaria de Urquiza. A partir de archivos, fotografías, periódicos, registros funerarios, cartas familiares y testimonios, Rivera Garza propuso revisar la imagen que ha prevalecido de la poeta y reconocer la diversidad de intereses que marcaron su trayectoria.
“Les presento otras muchas caras de Concha Urquiza del Valle, quien en efecto escribió algunos poemas y sonetos religiosos, pero quien fue también una excelente narradora, una traductora incansable, una especialista en cine y una novelista de una obra queer, absolutamente contemporánea, que yo creo que van a disfrutar mucho”, expresó.
Uno de los aspectos que destacó fue la precocidad literaria de Urquiza, quien desde los 12 años publicaba poemas en revistas y medios de circulación nacional, entre ellos El Universal Ilustrado, además de colaborar en otras publicaciones culturales relevantes. Su trayectoria también estuvo marcada por los viajes y la movilidad: vivió en Nueva York y residió en distintos lugares de México, incluida la capital del país y la región fronteriza.
*Una escritora entre la vocación y la necesidad económica*
La investigación de Rivera Garza también puso el foco en las condiciones materiales que acompañaron la vida de Urquiza. Mientras continuaba sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria, la poeta tuvo que trabajar para sostenerse; se desempeñó como maestra y guionista, buscó oportunidades laborales y enfrentó dificultades económicas.
Para la escritora, estas circunstancias permiten comprender las tensiones entre las aspiraciones intelectuales de una mujer de principios del siglo XX y las condiciones sociales, económicas y culturales que limitaban sus posibilidades. La autonomía de Urquiza no fue solamente una postura intelectual, sino una búsqueda que debía sostener en su vida cotidiana.
Rivera Garza, sin embargo, no desestimó la dimensión religiosa de la poeta ni la autenticidad de su fe. En cambio, propuso estudiarla sin convertirla en la única clave para interpretar su obra. Las cartas recuperadas muestran inquietudes espirituales, dudas personales y el deseo de encontrar espacios de silencio y estudio, aspectos que coexistían con su necesidad de independencia y sus aspiraciones literarias.
La muerte de Urquiza y las circunstancias que rodearon su vida también abren interrogantes que, de acuerdo con la investigadora, requieren volver a los documentos y escuchar los testimonios de quienes la conocieron. Este acercamiento permite cuestionar las versiones establecidas y ampliar la comprensión de una autora cuya trayectoria aún guarda aspectos por descubrir.
Entre los hallazgos de Rivera Garza destaca El Reintegro, una novela de Urquiza donada a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1972. Su lectura le permitió identificar una obra que transita entre distintos géneros, con elementos de novela, cuento, diario, testimonio y poesía, y cuya publicación espera que pueda concretarse próximamente.
Al cierre de la conferencia, Rivera Garza invitó a reconocer la literatura escrita por mujeres más allá de los títulos o las imágenes que se les han atribuido, mediante la exploración de sus archivos, experiencias cotidianas, contradicciones y obras que aún esperan ser leídas.
“¿Qué hay entre la imagen de una poeta mística, encerrada a calicanto en una institución religiosa, presa de la sed de Dios, y la chica moderna que vive en Nueva York mientras escribe en El Reintegro un manuscrito vanguardista que permanece inédito? Las palabras importan y persisten en el tiempo”, concluyó.
