
Kofi Owusu espera ocasionalmente fuera de la embajada de Estados Unidos en Acra para preguntar a otros estudiantes qué han hecho para conseguir una cita que les permita tener una visa de estudiante a tiempo.
Las clases de su máster en la Universidad de Villanova, en Pensilvania, están programadas para el lunes, pero aún faltan nueve meses para la cita de su entrevista presencial para conseguir su primera visa de estudiante en Estados Unidos. Es la segunda vez que esta estudiante de ciencias políticas de Ghana no logra llegar a este país a tiempo para cursar sus estudios.
«Creo que simplemente deberían abrir el sistema», dijo Owusu, y agregó que «están operando en un horario bastante limitado, así que creo que podrían ampliarlo y dar prioridad a los estudiantes».
La tramitación de visas se ha retrasado, ya que las embajadas y consulados de Estados Unidos operan con capacidad reducida en todo el mundo por la pandemia de COVID-19, lo que ha dejado a algunos estudiantes en el extranjero sin poder asistir al inicio del curso académico.
La espera y las complicaciones amenazan tanto la posición del país como la opción preferida de los estudiantes internacionales, así como la contribución económica de estos a muchas universidades y economías locales, de unos 40.000 millones de dólares anuales.
La inscripción de nuevos estudiantes internacionales en Estados Unidos cayó un 43% en el otoño boreal de 2020 respecto al año anterior, meses después de que el COVID-19 confinó al mundo. La cantidad de estudiantes nuevos que llegó de forma presencial se redujo un 72%, según una encuesta de inscripción realizada por el Instituto de Educación Internacional (IIE).
«Muchos consulados de Estados Unidos en el extranjero aún no están trabajando a plena capacidad», dijo Rachel Banks, directora de NAFSA (Asociación de Educadores Internacionales). «Los estudiantes y académicos todavía tienen dificultades para conseguir una cita».
