
La confrontación en Medio Oriente dio un giro más peligroso al trasladarse directamente al corazón del sistema energético global. En una ofensiva que eleva el riesgo de una crisis internacional, Irán intensificó sus ataques contra instalaciones petroleras y gasíferas en la región del Golfo, provocando un impacto inmediato en los mercados y encendiendo alarmas entre las principales economías del mundo.
Las acciones se producen como respuesta a un reciente ataque atribuido a Israel contra un estratégico yacimiento de gas iraní. Sin embargo, la escala de la reacción ha encendido preocupaciones mayores, al poner en jaque infraestructuras clave para el suministro energético global.
El efecto fue casi instantáneo. Los precios del petróleo y del gas registraron alzas, mientras crece el temor de que el conflicto arrastre a países vecinos como Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, actores fundamentales en la producción y exportación de hidrocarburos.
Uno de los puntos más sensibles es el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. La presión sobre esta vía estratégica se ha intensificado, agravando la incertidumbre en un mercado ya vulnerable.
En el mar, la situación se volvió crítica. Un buque se incendió frente a las costas de los Emiratos Árabes Unidos, mientras otra embarcación resultó dañada cerca de Qatar, reflejando el nivel de riesgo que enfrentan las rutas comerciales.
Los intentos por diversificar las salidas de crudo tampoco han escapado a los ataques. Un dron iraní impactó una refinería saudí en el mar Rojo, una infraestructura clave en los planes de Arabia Saudita para reducir su dependencia del estrecho de Ormuz.
